Txente Rekondo
Rebelión
La muerte de Benazir Bhutton en atentado ha sacudido buena parte de los cimientos
políticos de aquél país asiático, pero más allá
de la tragedia que supone para su
familia personal y política
e incluso para el futuro de Pakistán, su violento final parecía seguir el título de “crónica de una muerte anunciada”.
Los intereses de
Y ese guión se ha topado de bruces con la cruda realidad de ese complejo y turbulento estado y ha saltado hecho pedazos
tras el atentado contra la famosa política paquistaní. Como si de una tragedia griega
se tratase, la familia
Bhutto ha estado marcada por la muerte violenta
de sus miembros, el padre
de Benazir y dos de sus hermanos también murieron de forma violenta, y por los escándalos
de corrupción, su propio marido en las calles de Pakistán
es conocido como “el señor 10%”
Pakistán es un país al borde del precipicio, una delicada situación si se tiene en cuenta la capacidad desestabilizadora para esa región del continente asiático que supondría una
radicalización de la sociedad
paquistaní, sin olvidar tampoco la capacidad nuclear que posee Islamabad. Los enfrentamientos y la violencia se
suceden por todas las provincias
y el nivel de éstos aumenta cada día.
Un breve vistazo nos permite observar
cómo hasta hace poco el movimiento
taliban paquistaní se había hecho con el control de los distritos de Swat y Shangla en la Provincia Fronteriza del Noreste, recientemente recuperadas por el ejército tras duras batallas
y con importantes pérdidas
de vidas en ambos bandos. Además esta intervención
La violencia sectaria también es periódica,
tanto entre diferentes tribus
También estamos asistiendo a un notable incremento
de los ataques suicidas contra militares, altos
cargos
El presidente Mushrraf ,
La desaparición física de
la escena política de
Bhutto va a dar lugar a un sin fin de especulaciones
e interpretaciones
Una de las claves para entender ese
complejo puzzle en el que
se ha convertido en Pakistán
actual es el papel que desempeñan las fuerzas armadas desde la fundación
Los generales paquistaníes
no están interesados en la defensa o articulación de un modelo democrático, porque son conscientes que ello podría
significar el final de sus privilegios y de su acomodada y poderosa situación, y en esto coinciden también con el otro protagonista clave, el gobierno de Estados Unidos.
Las actuaciones de Washinton
en Pakistán, como en otras partes del mundo, han estado
disfrazadas por el discurso de “promover la democracia en todos los rincones del planeta”, pero al igual que en el pasado con Pinochet, Marcos y otros
muchos dictadores, o incluso con el general Zia y el propio Musharaf en Pakistán, lo que en realidad busca la actuación de la política exterior
estadounidenses es la defensa a ultranza de sus propios intereses
económicos, políticos o militares en todo el mundo. De ahí que
defender la democracia con dictadores
Un repaso a la prensa paquistaní escrita en urdu nos permite
descubrir el sentir de la población local, tremendamente enojados con la actitud de su gobierno ante las pretensiones de los dirigentes de la Casa Blanca.
Un ejemplo lo encontramos
en la reciente visita a Pakistán de Subsecretario de Estado norteamericano Jhon Negroponte, que la presentan
Los frutos de esta actuación la estamos viendo en los últimos
días con mayor claridad que en el pasado. La presión de Washington ha traído consigo un importante aumento
Los partidos religiosos no
son una fuerza homogénea, a las divisiones tradicionales en torno a chiítas y sunitas hay que sumar las diferentes
tendencias entre los grupos con base en las zonas rurales
o movimientos más urbanos. Además, hasta hace poco
la tendencia taliban paquistaní representaba un movimiento marginal y poco numeroso. Un dato bastante esclarecedor es el apoyo que
recibe la mayor alianza islamista del país, el Muttahida Majlis-e-Amal (MMA) que en las elecciones
del 2002 logró algo más del doce por
ciento del voto (si bien es
cierto que en algunas zonas fue
la fuerza más votada).
El proceso de islamización
de Pakistán ha estado estrechamente unido al apoyo estadounidense a determinados dirigentes
Las recientes maniobras desde EEUU han traído consigo que los canales de comunicación entre los militantes talibanes paquistaníes y el ejército se hayan roto y que la situación
se esté acercando peligrosamente a un punto sin retorno.
En Pakistán estamos asistiendo a una lucha sin cuartel. Por un lado están
las fuerzas armadas y sus apoyos políticos
y económicos tanto locales como extranjeros, y por otro lado
encontramos a los militantes islamistas, partidos minoritarios, parte de la sociedad civil, e incluso al Qaeda. Y mantienen una pelea de todos
contra todos. Y sin olvidar
a EEUU, uno de cuyos políticos ha señalado que “la seguridad
La sociedad paquistaní afronta divisiones étnicas, políticas, sectarias y culturales, y ahora a éstas hay que añadir un movimiento
islamista radicalizado en auge. Probablemente todavía no hemos asistido a la conclusión de esta lucha por
Pakistán, pero podemos adelantar que probablemente no asistamos a un final feliz.